
Nos hubiera gustado escuchar el discurso de Margarita González Saravia en una fecha tan significativa para la izquierda mexicana como lo es el dos de octubre, en la conmemoración de la matanza de Tlatelolco que marcó un antes y un después en la vida de este país. Sin embargo (no obstante que la invitación al izamiento de bandera a media asta lo marcaba como actividad de la gobernadora), al final fue una joven de 29 años quien pronunció el discurso a nombre del poder ejecutivo.
“Hoy, en la tierra que nos une, conmemoramos esta fecha con el compromiso de fortalecer la conciencia histórica, consolidar la democracia, defender los derechos colectivos y avanzar hacia una sociedad basada en la justicia y la dignidad”, dijo Clarisa Gómez Manrique, secretaria de la Mujer en la entidad.
Después de la ceremonia que incluyó un minuto de silencio por los estudiantes y maestros caídos, el jefe de la Oficina de la Gubernatura aseveró que “estamos en un estado y en un país de libertades, y en el gobierno de Margarita González Saravia nunca habrá represión. Siempre se reivindicará la libertad individual y colectiva, la libertad de prensa, la crítica y la autocrítica”.
—¿Para cuándo el cambio de nombre de la avenida Gustavo Díaz Ordaz? — preguntó este columnista.
—Eso es cuestión del pasado, no está en la agenda de este gobierno cambiar nombres de calles— contestó de inmediato Javier García Chávez, quien aprovechó para mencionar que el dos de octubre del 68 él estaba en su casa, “en un barrio pobre, en la colonia Azteca, junto a Lecumberri, en una vecindad donde vivíamos cinco familias con un solo baño”, pero fue hasta diez años después que se involucró directamente en la lucha estudiantil a través de la Organización Nacional de Estudiantes (ONE).
No pudimos evitar transportarnos mentalmente a finales del 2013, cuando externamos en esta columna nuestra curiosidad por conocer qué haría el nuevo gobernador (surgido de la Izquierda), Graco Ramírez Garrido, el dos de octubre:
El año anterior, se entendía, Graco estaba tan eufórico con su toma de protesta, que no tenía tiempo de recordar a sus compañeros caídos en el ataque del Ejército Mexicano a los jóvenes que se manifestaban en la Plaza de Tlatelolco. Pero ahora sí había tiempo para preparar algo, una guardia de honor, una bandera a media asta, algo que patentizara aquello de que el “dos de octubre no se olvida”.
Pero en este caso no sólo prevaleció el olvido, sino el desaire. Nadie nos lo contó, nosotros fuimos testigos de cómo, cuándo ya se escuchaban las arengas de los estudiantes de la UAEM que venían en marcha al zócalo de Cuernavaca para buscar una entrevista con el mandatario estatal, éste se escabullía por la calle de Guerrero, obligando a los agentes de tránsito a hacer cortes de circulación para poder salir a toda velocidad en su suburban y los otros cuatro vehículos y una motocicleta que conforman su convoy de seguridad.
Y fue el Rector de la UAEM, Alejandro Vera Jiménez, el que le recordó a Graco la trascendencia de esta fecha:
“Dos de octubre no se olvida, porque no queremos que se olvide, y no queremos que se olvide porque a 45 años de esa afrenta a la juventud mexicana y a sus familias desde la soberbia intransigente del poder, queremos seguir haciendo nuestras las enseñanzas de la generación del 68”.
Desde un templete instalado en la plancha del zócalo, el Rector de la máxima casa de estudios de Morelos, criticaba así a la actual administración:
“El México del 2013 está muy distante, en muchas cosas para bien, del México de 1968, pero también y hay que decirlo con todas sus letras: el México del 2013, está aún muy próximo en muchas cosas, para mal, al México de 1968. Menciono una, la desigualdad social, caldo de cultivo de la violencia estructural que nuestro país padece, que aqueja a nuestro Estado, que corroe y corrompe el tejido social de nuestras comunidades, que nos proyecta al precipicio de la
Y remató: “Hoy en esta plaza pública denunciamos la incongruencia de un gobierno que se dice de izquierda y en los hechos le da la espalda a la máxima casa de estudio del Estado”.
Ya todos sabemos en qué acabaron los dos personajes antes mencionados, que —desde nuestro punto de vista— ambos “se volvieron locos”: Graco Ramírez enfermó de poder y creyó que podía heredar el gobierno a su hijastro; Alejandro Vera se dejó llevar por “el canto de las sirenas” y terminó siendo —hasta la fecha—un prófugo de la justicia.
Cuando anduvo en campaña por la Gubernatura del Estado de Morelos, Graco Ramírez siempre presumió haber participado activamente en el movimiento del 68, aunque sus detractores aseguran que sí estuvo, pero como “esquirol”.
En su libro “Contra la Regresión Autoritaria, Memorias desde la Izquierda”, Graco Ramírez confirma lo que mencionan muchos de los que vivieron esa terrible etapa de la historia de México: que los estudiantes que no murieron y no terminaron procesados penalmente, fueron beneficiados con becas y plazas en gobierno. Graco fue uno de ellos.
Entró a trabajar con Alfonso Millán Moncayo en el proyecto para crear los Colegios de Ciencias y Humanidades, empleo que abandonó cuando Rafael Aguilar Talamantes lo invitó a formar un partido y dedicarse a la política.
Fue así como, a los 23 años de edad, el joven Graco Ramírez se unió al grupo conformado por Heberto Castillo, Demetrio Vallejo, Tomás Cervantes Cabeza de Vaca y Rafael Aguilar Talamantes y conformaron el Comité Nacional de Auscultación y Coordinación.
“Para el mes de noviembre del año 1971, la convocatoria realizada nos permitió reunir a cerca de doscientas personas en la Ciudad de México, con el objetivo de crear las condiciones necesarias y lograr la constitución de una nueva fuerza política”, dice el libro.
Aunque para incursionar de lleno en la política tuvo que dejar la Facultad de Derecho de la UNAM y vender su auto, años después se vería recompensado y con creces, cuando fue diputado federal (siempre plurinominal) por primera vez a los 36 años y dos veces más, luego senador y finalmente gobernador de Morelos, un estado en el que ni nació ni creció, pero del que obtuvo el dinero suficiente para no volver a trabajar en su vida.
Y sólo para terminar con el tema del dos de octubre de 2025 diremos que ya no hubo la tradicional marcha de estudiantes de la UAEM (como sí ocurrió en la Ciudad de México con los de la UNAM). La Federación de Estudiantes Universitarios de Morelos (FEUM), hoy presidida por una jovencita, en lugar de organizar una marcha, acompañó a la rectora Viridiana León a la develación de una placa, la colocación de una ofrenda floral y una guardia de honor por parte de las autoridades presentes “en un gesto simbólico con el que la comunidad universitaria de la UAEM honró a quienes entregaron su vida en la lucha por la justicia y la libertad”, dice el comunicado de la máxima casa de estudios.
HASTA MAÑANA.