
Podrá haber opiniones divergentes, pero desde nuestro punto de vista el hecho de que la conmemoración del Día Internacional de la Mujer haya terminado sólo con daños materiales (vidrios rotos, paredes grafiteadas, etc.) es signo de que el gobierno de Margarita González Saravia puede anotarlo en su bitácora como “prueba superada”.
“Si quieres paz, prepárate para la guerra” es una frase atribuida al escritor y teórico militar romano Publio Flavio Vegecio Renato, y eso fue precisamente lo que hizo el gobierno de Margarita González Saravia:
Cuando las manifestantes del ocho de marzo llegaron al Palacio de Gobierno (al que días antes habían dejado con vidrios rotos y unas cortinas incendiadas) y se encontraron con una muralla de hierro, unos drones sobrevolando la plancha del zócalo y el anuncio de que se había publicado un “protocolo para la actuación de la policía en caso de manifestaciones”, todo ello inhibió las acciones de grupos radicales que pretendían que el 8M terminara en caos.
Bien dijo la mandataria hace unas semanas que se equivocan los que escriben bien de ella pero mal de su gabinete, pues finalmente es ella la que toma las decisiones más importantes, y en esta ocasión, fue muy firme al encargarle a tres hombres que diseñaran una estrategia que permitiera la realización de la marcha del domingo con las menos afectaciones posibles, ellos son: Edgar Maldonado, secretario de Gobierno; Javier García, jefe de la Oficina de la Gubernatura; y Miguel Ángel Urrutia, secretario de Seguridad, cada uno experto en su ramo.
Este último, anunció desde el miércoles la participación de mujeres policías para enfrentar a las manifestantes en caso de que fuera necesario, y la máxima protección al recinto del Poder Ejecutivo. Lo que no nos esperábamos, y que todavía no terminamos de entender, es lo del “protocolo” de actuación policial en manifestaciones, que establece la posibilidad de usar extinguidores y realizar detenciones “por apariencia de delito”.
Finalmente —y por fortuna para todos— no fue necesario su uso, pero la difusión del documento que apareció publicado el viernes por la tarde en el Periódico Oficial Tierra y Libertad, pudo haber servido para que algunos padres de familia les prohibieran a sus hijos acudir a la marcha.
Así, los incidentes de la marcha de ayer no pasaron de los típicos daños a edificios particulares (no entiendo por qué le rompieron todos los vidrios a un edificio abandonado que vendía azulejos); y los enfrentamientos verbales de las mujeres proaborto con las señoras que rezaban frente a la iglesia del Calvario, así como el airado reclamo de una mujer que dijo ser auxiliar municipal por los destrozos causados en el monumento a la madre.
Por alguna razón las organizadoras de la marcha decidieron que el contingente tomara la avenida Morelos en sentido contrario en lugar de seguir por Álvaro Obregón, lo que salvó al edificio Cronos que pertenece al Poder Judicial del Estado.
El que no se salvó fue el Centro de Salud de Tlaltenango, al que el grupo de mujeres encapuchadas y vestidas de negro le rompieron los cristales. Esta acción fue muy criticada por usuarios de Facebook, pues no estaba justificada, ya que ahí no atienden cuestiones que tengan que ver con la interrupción del embarazo.
Salvo esos detalles, la marcha estuvo muy bien organizada, incluso con gafetes para los compañeros de prensa. Hubo mucha asistencia —más de 10 mil— y pudimos ver a muchas mujeres con sus bebés, personas de la tercera edad y hombres que se solidarizaron con el género femenino.
Estos grupos fueron los que comenzaron a retirarse del zócalo cuando vieron que el “el bloque negro” empezó a lanzar las llamadas “bombas molotov” por encima de la valla de hierro. Era evidente que esas mujeres no pertenecían al grupo de estudiantes de la UAEM ni tampoco a quienes organizaron la marcha. Nadie supo cómo llegaron ni como se fueron, el hecho es que nadie las conocía, y su forma de hablar las delataba: venían de CDMX.
A las 14:45 horas, el secretario de Gobierno, Edgar Maldonado Ceballos, salió en un video a declarar que la movilización realizada este 08 de marzo, en el marco del Día Internacional de las Mujeres, “concluyó con saldo blanco”.
“La jornada transcurrió con respeto a la libre manifestación de las mujeres que salieron a las calles para expresar sus demandas, reflexiones y llamados a la sociedad en torno a la igualdad, justicia y una vida libre de violencia”, dijo.
La realidad es que el trabajo de Maldonado Ceballos para disminuir el poder de las feministas comenzó desde hace meses, cuando contrató a una de las lideresas como integrante de su equipo de trabajo.
Javier García, por su parte, puso en práctica lo que aprendió muy bien en el otrora Distrito Federal durante sus años de juventud: la operación política en organizaciones estudiantiles y sindicales.
Por eso podemos decir que —hasta ahora— la estrategia para despresurizar el tema de los feminicidios en la UAEM y llegar al 8M en condiciones de gobernabilidad ha funcionado, y este lunes reabrirán las puertas de palacio y quitarán la muralla de hierro con afectaciones mínimas.
Ahora sólo resta resolver el conflicto que prevalece en la máxima casa de estudios, con un pequeño grupo de inconformes lidereados por dos mujeres que ni siquiera son estudiantes de la UAEM, y a los que ya les mandaron una advertencia disfrazada de “equivocación”, cuando dos unidades —una del Ejército y otra de la Guardia Nacional— entraron hasta el campus Chamilpa.
La semana pasada escribimos que tanto los funcionarios del gobierno estatal como de la UAEM estarían a prueba los siguientes días. Hoy podemos afirmar que el círculo cercano a Margarita González Saravia pasó la prueba.
Esta semana veremos si el grupo que rodea a la rectora también pasa la prueba o se quedan en el intento.
HASTA MAÑANA.