
En el Campus Chamilpa de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, los estudiantes de los grados superiores asustan a los de nuevo ingreso con el cuento de “las guerrilleras”. Sí, cuenta la leyenda que hay un grupo de hombres, mujeres y trans, que salen por las noches a tratar de atrapar a los alumnos que no lograron tomar su transporte y se los llevan a su guarida. Son jóvenes —y algunas no tanto— que se cubren el rostro con paliacates, despeinados, malolientes, y que se ponen nombres del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Lo peor del caso es que no todo es producto de la fantasía. Por increíble que parezca, en las instalaciones mejor vigiladas del estado, dónde no entras si no cuentas con un código QR impreso o en tu celular, hay un auditorio que está en poder de un grupo anarquista que se hace llamar “Centro Comandante Ramona”, en alusión a la mujer guerrillera que vivía con el subcomandante Marcos en la selva de Chiapas.
Aclaración: no se trata de los integrantes de la llamada Resistencia Estudiantil, conformada por alumnos con matrícula que se siguen cubriendo el rostro (aunque ya todo mundo sabe quiénes son) y que tienen diálogo permanente con funcionarios de la Rectoría de la UAEM.
Quienes conocen la historia nos refieren que en un principio sí estaban unidos todas y todos. Cuando ocurrió el lamentable asesinato de Kimberly y estudiantes tomaron las instalaciones del Campus Chamilpa obligando a la rectora Viridiana León Hernández a apersonarse en la puerta uno frente al monumento del venado, resaltaba el liderazgo de una joven de nombre Adriana, y otra de nombre Zayra, que usaba un peinado bastante estrafalario.
Ellas fueron las que organizaron las primeras marchas de protesta y posteriormente la toma definitiva de las instalaciones, pero unos días después comenzó a haber inconformidades entre los paristas. Se filtraron grabaciones en las que se reclamaban el uso de estupefacientes, jóvenes en estado de ebriedad, vehículos cruzando el campus a toda velocidad, y todo tipo de desmanes, además de que acusaban a Zayra y Adriana de no ser alumnas de la máxima casa de estudios.
El resultado fue una escisión dentro del grupo: mientras que unos adoptaron el nombre de Resistencia Estudiantil, e iniciaron el diálogo con las autoridades universitarias en el Seminario San José, el grupo radical se “atrincheró” en el icónico auditorio Emiliano Zapata, ubicado a unos metros de la Torre de Rectoría.
Ahí instalaron una especie de “campamento guerrillero” al estilo de Lucio Cabañas, con una jefa y varias subjefas, dividiéndose las tareas como conseguir financiamiento, pertrechos y alimentos, así como establecer guardias que se renovaban cada 24 horas. Un grupo se encargó de establecer comunicación con organizaciones sociales afines a la izquierda más extremista.
Crearon una página web https://ramona.soy
En ella plasmaron sus motivaciones:
Lo que comenzó como indignación frente a la violencia feminicida en la universidad y en Morelos se convirtió también en una disputa por nombrar el problema de fondo: la violencia contra las mujeres no es un hecho aislado, es una emergencia territorial que exige respuestas reales.
Mientras la atención se desplazó hacia la criminalización de quienes denunciábamos, la violencia feminicida volvió a quedar fuera del centro de la conversación. Quieren hablar de formas para no hablar de fondo. (Nótese el estilo del subcomandante Marcos).
Ante esa ausencia, nace el Centro por la Reconstrucción del Tejido Social y la Erradicación de la Violencia Feminicida: Comandanta Ramona, como una apuesta colectiva por investigar, comprender, documentar y transformar esta crisis desde la organización, la comunidad y el legítimo derecho a la protesta pacífica.
Su sede es el auditorio Emiliano Zapata de la UAEM, el cual ha sido acondicionado para dormir, comer, bañarse y recibir visitantes. “Hoy lunes 06 de julio abrimos las puertas del centro Comandanta Ramona al padre de la compañera Maylin Chino Ramos, quien fue víctima de feminicidio”, publicaron recientemente en Instagram.
Pero también se quejan de lo que consideran actos de represión:
“Durante 127 días, la UAEM Morelos ha sostenido un cerco contra quienes ejercemos nuestro legítimo derecho a la protesta pacífica desde el Auditorio Gral. Emiliano Zapata. Nos han intentado desgastar por hambre, por sed, por encierro y por miedo. “Bloquearon el paso de agua, comida y víveres. Cerraron intencionalmente los pasos de agua que abastecen al Auditorio. Sellaron accesos y salidas aun sabiendo que había personas adentro, pasando por encima de cualquier protocolo mínimo de protección civil”.
La rectora Viridiana León Hernández ha preferido evadir el tema. “Eso lo puede contestar el abogado general de la Universidad que es quien ha interpuesto las denuncias correspondientes”, le contestó a este columnista el pasado 7 de julio en la Biblioteca Miguel Salinas, después de reunirse con la Resistencia Estudiantil.
Efectivamente, la Fiscalía General del Estado ya tiene en sus manos varias denuncias por daños en propiedad ajena y otros delitos atribuibles a estas personas que conforman un grupo que no llega a 20, de los cuales sólo unos seis son estudiantes de la máxima casa de estudios.
Pero Fernando Blumenkron no se va a atrever a entrar violentamente al campus universitario y pasar a la historia como un fiscal represor. Y la rectora menos.
En esas circunstancias, todo parece indicar que las autoridades van a esperar pacientemente a que los admiradores del EZLN se cansen y abandonen el auditorio por su propia voluntad.
Esa actitud es loable, sin embargo, no deja de llamarnos la atención que haya un mega operativo de seguridad para los alumnos, mientras un grupo de personas externas y algunos alumnos y alumnas violan flagrantemente toda normatividad.
Pero no es la única contradicción en la máxima casa de estudios. No entendemos cómo es que se destinaron millones de pesos en seguridad, y no se dejaron algunos miles para construir una barda perimetral en la zona que colinda con el bosque.
Tampoco entendemos cómo es que se dice que se busca la seguridad de los alumnos, y se siguen manteniendo clases que terminan a las 9 de la noche.
HASTA MAÑANA.