
De no haber sido por la publicación de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP), el triple homicidio hubiese pasado desapercibido. El 12 de junio pasado, la institución educativa emitió un comunicado en el que daba cuenta de que “con dolor y consternación, hemos recibido la noticia del asesinato de nuestro estudiante de la Licenciatura en Odontología, Oscar Javier Ortiz Figueroa, ocurrido en el estado de Morelos, tras haber sido víctima de un ataque con arma de fuego”, decía el texto publicado en su página oficial y redes sociales.
Las autoridades morelenses optaron por guardar silencio. Fue hasta el 13 de junio que la Fiscalía General del Estado emitió un escueto comunicado en el que informa que ese día por la mañana “fue entregado el cuerpo de Oscar Javier Ortiz Figueroa a sus familiares”, y que “por ámbito de competencia (no entró en detalles) es la Fiscalía General de la República quien continúa con las investigaciones”. Solo eso.
Así, la muerte del estudiante poblano sigue inmersa en una nube de misterio, ante la falta de información bajo el argumento de no entorpecer el trabajo del Ministerio Público Federal. Como ya lo hemos mencionado antes, hay un enlace de Comunicación Social en la delegación Morelos que sólo emite cédulas de búsqueda, y el vocero Ulises Lara sólo sale a cuadro cuando hay que defender a la 4T.
A falta de información oficial, han surgido todo tipo de versiones. Algunas que lo vinculan con grupos de Delincuencia Organizada, incluso mencionan que es “sobrino de La Tripa” pues se apellida Figueroa, como el recién detenido Homero Figueroa Meza. Otros lo relacionan con “El Bara”, preso en el Penal de Atlacholoaya.
De acuerdo con los primeros reportes oficiales y periodísticos, el ataque en el que murió Oscar Javier ocurrió cerca de un punto de revisión de seguridad instalado en la zona sur, en el que participaban elementos de la Guardia Nacional, el Ejército Mexicano y corporaciones policiacas. Las circunstancias exactas de los hechos continúan bajo investigación, pero diversas versiones señalan que el vehículo en el que viajaban varias personas fue objeto de una agresión armada que derivó en una persecución y posteriormente en un choque. Como resultado del incidente hubo personas fallecidas en el lugar y otras más resultaron lesionadas de gravedad.
En un primer momento, Óscar Javier sobrevivió al ataque y fue trasladado a recibir atención médica junto con otros heridos. Sin embargo, la gravedad de las lesiones que sufrió terminó por cobrarle la vida días después. Aunque los hechos ocurrieron durante el fin de semana del 6 y 7 de junio, la confirmación oficial de su fallecimiento y de su identidad se dio a conocer varios días más tarde, cuando las autoridades concluyeron las diligencias correspondientes y notificaron formalmente a sus familiares.
La noticia provocó una profunda reacción en la comunidad de la UPAEP. A través de un pronunciamiento institucional, la universidad expresó su dolor por el asesinato de uno de sus estudiantes y manifestó solidaridad con la familia, amigos y compañeros de Óscar Javier. La institución condenó los hechos violentos que terminaron con la vida del joven universitario y exigió a las autoridades el esclarecimiento del caso, así como el castigo a los responsables. El mensaje universitario destacó que ningún proyecto académico o de vida debería verse truncado por la violencia que afecta a diversas regiones del país.
La muerte de Óscar Javier tuvo una fuerte repercusión porque representaba el perfil de muchos jóvenes morelenses que buscan en la educación superior una oportunidad de crecimiento profesional y movilidad social. Compañeros, docentes y personas cercanas al estudiante lo recordaron como un joven que se preparaba para ejercer una profesión vinculada con la salud y el servicio a la comunidad. Su fallecimiento generó numerosas expresiones de condolencia tanto en Puebla como en Morelos.
El caso también volvió a colocar bajo escrutinio la situación de seguridad en la región sur de Morelos. El hecho de que la agresión ocurriera en las inmediaciones de un puesto de revisión integrado por fuerzas federales y estatales generó cuestionamientos sobre la secuencia de acontecimientos y sobre la actuación de las autoridades presentes en la zona. Diversos medios reportaron que, debido a las características del caso y a la posible participación o intervención de autoridades federales en los hechos investigados, la Fiscalía General de la República asumió parte de las investigaciones para determinar con precisión qué ocurrió aquella madrugada y deslindar responsabilidades.
Hasta ahora, las autoridades no han presentado públicamente una versión definitiva sobre los acontecimientos ni han informado de manera concluyente sobre personas detenidas o procesadas por estos hechos. La investigación continúa abierta y las distintas líneas de indagatoria buscan establecer la mecánica exacta de la agresión, el origen de los disparos y las circunstancias que llevaron a la muerte del estudiante universitario y de otro joven que supuestamente pertenece a las fuerzas armadas.
La historia de Óscar Javier Ortiz Figueroa se ha convertido en un símbolo más del impacto que la violencia tiene sobre la juventud mexicana. Su muerte no sólo representó la pérdida de una vida de 25 años y de un futuro profesional en construcción, sino que también reavivó el debate sobre la seguridad en Morelos y sobre la necesidad de garantizar justicia para las víctimas de hechos violentos. Mientras sus familiares, amigos y compañeros exigen respuestas, el caso permanece como uno de los episodios más sensibles registrados recientemente en la región sur del estado.
HASTA MAÑANA.