
Érase una vez que en el Reino de Jojutla se llevaba a cabo un festejo conocido como “Capa y Lazo” en honor al Santo Patrono San Juan Bautista. A diferencia del jaripeo tradicional, esta modalidad consiste en soltar un toro bravo dentro de un ruedo en el que también participan jinetes sobre caballos que tratarán de lazar al astado para demostrar su habilidad con la reata.
Esa tarde, 25 de junio para más exactos, soltaron el primer animal y todo marchó sin novedad. Aunque había poca gente en la plaza, los asistentes disfrutaban con ver al toro correteando a los caballos y los jinetes demostraban su destreza para conducir sus equinos.
Salió el segundo toro y la gente gritó emocionada al ver la bravura del ejemplar. Avanzó decidido algunos metros mientras los caballos corrían para que no los alcanzara. Los hombres de a caballo estaban extasiados ante el reto de poder dominar a esa bestia con cuernos y quedar como héroes ante su pueblo.
Pero entonces ocurrió lo que nadie esperaba: el toro escogió a un caballo (después se supo que era yegua y respondía al mote de “La Chula), lo alcanzó y se le metió debajo de su panza mientras el montador volaba por los aires. De un solo cabezazo le abrió el vientre como si su cuerno fuera una navaja.
Hasta los jinetes más bragados quedaron impresionados al ver cómo el toro seguía atacando a la pobre yegua y sus intestinos caían al suelo en un dantesco espectáculo. “¡Qué está pasando en Panchimalco!”, gritó horrorizado el narrador del jaripeo mientras algunas mujeres soltaban el llanto. Pero nadie dejaba de grabar con su celular.
Los videos del ataque y fotografías del cuerpo inerte de la yegua no tardaron en hacerse virales. Así, como los comentarios de que ese tipo de espectáculos no deberían seguirse permitiendo.
La noticia llegó a oídos de Alan “El exquisito”, joven gobernante de ese Reino, quien de inmediato llamó a sus asesores para que le dijeran qué hacer.
“Cada vez hay más gente que está en desacuerdo con el maltrato animal, Señor. Una encuesta nacional de MITOFSKY de abril de 2025 encontró que 62.5% de los entrevistados está a favor de prohibir las corridas en las que se hiere o mata al toro, mientras que 32.9% está en contra de esa prohibición”, comentó el más erudito de sus consejeros.
Los ojos le brillaron al inexperto gobernante. —Ya me vi —dijo— mientras simulaba con sus manos una pantalla de televisión: “El candidato Alan arrasa en las votaciones. Miles de personas apoyan su proyecto para erradicar el maltrato animal”. Llamen a Comunicación Social.
Al otro día, en cadena municipal, el imberbe gobernante declaraba: “Quedan totalmente prohibidas estas actividades durante mi administración. Está dentro de mis facultades prohibirlo al menos en lo que resta de mi trienio; también se mandó una solicitud al Congreso para que esto pueda escalar a una legislación estatal que lo prohíba en el resto de las municipalidades y también una carta de reflexión a mis compañeras alcaldesas y compañeros alcaldes”.
Su manifiesto provocó palabras de agradecimiento por parte de las organizaciones de animalistas, las cuales ya comenzaban a manifestarse en el Congreso para exigir una ley que prohibiera las corridas de toros en sus distintas modalidades, las peleas de gallos y cualquier otra actividad que implicara maltrato a los seres no humanos.
Sin embargo, provocó una reacción inversamente proporcional en la gente que vive de esos espectáculos: criadores de gallos, toros y caballos; montadores, artistas, etc.
Muy cerca de ahí, en el Reino de Tlaquiltenango, vivía y gobernaba Enrique “El Rudo”, que era todo lo contrario a Alan “El Exquisito”, incluso físicamente. Con dos ingresos a la Penitenciaría, fama de “mujeriego, parrandero y jugador”, Enrique también vio la oportunidad de sacar raja política del incidente en Panchimalco.
A trasmano, organizó una marcha “por la preservación de las tradiciones”. El 17 de junio de 2026, más de seiscientas personas realizaron una marcha-cabalgata por las principales calles de Jojutla para exigirle al alcalde que respete las tradiciones del pueblo.
Los participantes declararon que no se trata de proselitismo político, sino de un movimiento de ciudadanos que defienden sus derechos, señalaron que él (Alan) está haciendo campaña con dinero de los impuestos porque quiere seguir viviendo del presupuesto, además de que la Constitución no le confiere facultades para regular actividades que ya están contempladas en la carta magna.
En la llamada “Marcha en favor de las tradiciones” participaron cabalgadores de la región sur, criadores de aves de combate, ganaderos, charros, asociaciones de bandas de viento, botaneros, locutores, galleros, entre otros, quienes fueron recibidos por el gobernante y ahí simplemente dijo que nunca había dicho lo que sí dijo.
Entre los que marchaban a caballo iba Enrique “El Rudo”, quien aclaró que él no estaba participando como gobernante de la localidad vecina, sino como un ciudadano más. Fue entrevistado en territorio jojutlense por una periodista.
“Me dolió mucho que por culpa de un evento no cuidó el alcalde de Jojutla, no lo cuidó y le echó la culpa a su ayudante municipal, fue una salida muy burda, y todavía dice le voy a recomendar a los alcaldes que ya no hagan ese tipo de eventos. Para empezar, a mí no me va a recomendar sobre mis tradiciones; segundo, yo he organizado ese tipo de eventos en Tlaquiltenango y nunca he tenido ese tipo de accidentes porque invertimos lo necesario, cuidamos lo necesario y hacemos lo propio como autoridades, no somos omisos”, dijo.
Y luego soltó su veneno:
“Resulta que sí van a poder hacer ese tipo de eventos siempre y cuando paguen 25 mil pesos, entonces no está interesado en buscar la protección animal, está interesado en buscar la manera de saquear al pueblo mediante sus tradiciones”, dijo el hombre de rostro oscuro como su alma.
Ese mismo día, en sus redes sociales Alan escribió: “Para tener la lengua larga, hay que tener la cola corta”.
Y así es como dos ediles están usando un tema social muy polémico para tratar de incrementar su capital político: uno a favor de que se prohíban los espectáculos en los que participan animales, y el otro defendiendo a los que viven de ese tipo de eventos.
Ambos están viviendo sus últimos meses como gobernantes de sus respectivos Reinos, pues en enero del 2028 deberán entregar la corona y el cetro a sus sucesoras: Mirsa Berenice I, en el caso de Jojutla; y Petra I, para el caso de Tlaquiltenango.
HASTA MAÑANA.