Hace 29 años, en ese mismo lugar

Fue inevitable tener un Dejá vu. Hace 29 años —febrero de 1997 para ser exactos— el joven abogado José Luis Urióstegui entraba por primera vez al viejo edificio que el gobierno del estado había cedido para la Policía Municipal de Cuernavaca, en lo que se llamó “la municipalización de la seguridad pública”, y el Cabildo encabezado por Alfonso Sandoval Camuñas lo acababa de nombrar director de la naciente corporación.

Hoy, casi 30 años más tarde, volvió a entrar con el caminar lento que le caracteriza, pero ahora en su calidad de presidente municipal de Cuernavaca. Su cabello y bigote están totalmente encanecidos, y su voz sigue siendo pausada.

“Siendo yo abogado tomé con muchas reservas el cargo, ya que pensaba que los abogados poco teníamos que hacer en materia de seguridad; sin embargo, el entonces presidente municipal Alfonso Sandoval me dijo que eso precisamente era lo que buscaba: un abogado que marcara una diferencia entre lo que se hace empíricamente y lo que se puede hacer aplicando la norma jurídica”, recordó el alcalde frente a los elementos policiacos.

Y de esa forma —dijo—, se dio a la tarea de elaborar un código de ética y reglamentos para cada una de las áreas que conformaban la incipiente institución. En aquel tiempo era Dirección de Seguridad Pública Municipal, hoy es Secretaría de Protección y Auxilio Ciudadano.

“Conduje una patrulla, circulaba en la ciudad, pero no me atreví a ponerme el uniforme porque para mi representaba usurpar una actividad que sólo los que estaban preparados para ello debían portar”, confesó en su discurso como parte de la ceremonia de entrega de uniformes.

El edil volvió a reconocer la importancia de las personas que diariamente salen de sus hogares a cumplir con su deber de prevenir el delito, cuidar la vialidad, atender incendios, etc., según el área a la que pertenezcan.

“Porten ese uniforme con dignidad, con orgullo, y sientan que cada vez que lo traen puesto no sólo representan a una institución, representan a ustedes mismos, a sus familias, representan todo lo mejor que la Secretaría puede dar a la comunidad. Ustedes saben de mi cariño a la dependencia, de mi compromiso con ustedes para seguir trabajando hasta el último día de mi administración para mejorar sus condiciones”, les dijo.

En representación de la Red Nacional de Mesas Ciudadanas de Seguridad y Justicia México SOS, María de los Ángeles Plá Aguilar reconoció el trabajo realizado por José Luis Urióstegui para recuperar la capacidad operativa de la SEPRAC, al destacar que la administración recibió una corporación sin recursos suficientes y hoy cuenta con un C4 en operación, nuevo equipamiento y mejores condiciones para brindar seguridad a la población, resultado, dijo, de un manejo responsable de las finanzas públicas y de una visión comprometida con la ciudad.

“Ojalá que como ciudadanos tengamos cada día más la conciencia de conducirnos de forma adecuada, apegada a las leyes y reglamentos, de ser responsables con nuestras obligaciones y pagar en tiempo y forma los servicios, respetar a nuestros policías y a nuestras autoridades. Es decir, vivir con civismo”, apuntó.

Por su parte, el secretario de Protección y Auxilio Ciudadano, Pablo Aguilera Casados, señaló que la entrega de uniformes y chalecos balísticos representa un reconocimiento a la vocación de servicio de quienes integran la SEPRAC y una muestra del compromiso del Gobierno Municipal con su seguridad. Añadió que la capacitación, la profesionalización y el equipamiento seguirán siendo pilares para consolidar una institución cada vez más cercana, confiable y preparada para responder a las necesidades de la ciudadanía.

El “Dejá vu” (sensación de que ya lo has vivido antes) también fue para quien esto escribe. Parece que fue ayer cuando una pequeña comitiva integrada por el catedrático Urióstegui y sus más destacados alumnos de Derecho y un reportero, llegó al ya vetusto y maltratado edificio que albergó al programa “Bolillo Popular”, oficinas de SECOFI y Correos, entre otros. Era prácticamente un edificio de tres pisos construido en una barranca.

No incluía muebles, así que los primeros días la síntesis de prensa se hacía sobre una mesa de madera que alguien olvidó.

Con la “municipalización de la Policía” el Gobierno de Jorge Carrillo Olea encontró la fórmula perfecta de deshacerse de toda la chatarra. Patrullas desvencijadas y motocicletas inservibles fueron entregadas al Ayuntamiento de Cuernavaca, que terminó presidiendo la abogada Sara Olivia Parra Téllez, como alcaldesa interina.

La aventura duró ocho meses pero fueron muy exitosos. Quizás porque no había grupos de delincuencia organizada que se enfrentaran todos los días como ocurre actualmente.

En noviembre de 1997 llegó Sergio Estrada Cajigal como alcalde y designó como sustituto de Urióstegui a Cesáreo Carvajal Guajardo. En ese trienio fue cuando los Ayuntamientos comenzaron a administrar el impuesto predial, lo que significó carretadas de billetes para el Ayuntamiento panista. La dirección de Seguridad Pública Municipal fue transformada en la “Secretaría de Seguridad Pública y Tránsito Metropolitana” y poco faltó para que la equiparan con un helicóptero.

Después vendría la época decadente marcada por la detención de los jefes policiacos tanto del Estado como del municipio acusados de proteger a Arturo Beltrán Leyva. Comenzó la “cacería” por parte de las autoridades federales y los ajustes de cuentas contra los elementos de la Municipal, así que los policías que no perdieron la vida pusieron tierra de por medio o se jubilaron.

Por eso hoy la plantilla de elementos es mucho menor al que se tenía hace 29 años. Nadie quiere ser policía, así que estamos llegando al absurdo de que tenemos patrullas y motocicletas, pero no hay quien las maneje. De acuerdo con los estándares internacionales recomendados por la Organización de las Naciones Unidas, Cuernavaca debería contar con alrededor de 700 policías preventivos para alcanzar una proporción cercana a 1.8 elementos por cada mil habitantes.

A eso hay que agregarle que no se ha encontrado a la persona idónea para encabezar la corporación. Primero fue una mujer que recomendaba denunciar los delitos antes de que estos se produjeran, luego nombraron a un exmilitar que hizo fama de mujeriego, y ahorita tenemos a un muy respetable licenciado en Criminología (UANL) y maestro en Política Criminal (INACIPE) —recomendado de Miguel Ángel Urrutia—, pero que no ha dado los resultados que todos quisiéramos.

HASTA MAÑANA.