
La Normal de Amilcingo nació entre 1973 y 1974 como producto de una movilización popular campesina, en respuesta al cierre de las normales rurales iniciado durante el gobierno de Díaz Ordaz. Su lucha coincidió con la movilización que posteriormente produjo la creación del municipio de Temoac en 1977. Por eso, la historia de Amilcingo está estrechamente vinculada con la educación rural, el movimiento campesino, la organización comunitaria y la autonomía política de los pueblos del oriente de Morelos.
Sin embargo, en los últimos meses la institución educativa se ha visto envuelta en un movimiento que amenaza con crecer, pues surgió como una inconformidad de trabajadores contra su directora, y ahora involucra también al alumnado, dividido en dos bandos.
Trabajadores sindicalizados de la Escuela Normal Rural “General Emiliano Zapata”, exigieron a las autoridades educativas y estatales la destitución inmediata de Cristina Quiroz Vergara, encargada del despacho de la Dirección, tras acusarla de generar un ambiente laboral hostil, de división e intimidación.
Tonatiuh Tlapa Rangel, secretario general de la Delegación Sindical D-II-17, y la docente Marta Karina Quintero Ruiz, señalaron que las inconformidades acumulan más de un año sin que las autoridades ofrezcan una solución. Explicaron que la directiva ha omitido presentar un proyecto académico y no ha convocado a reuniones docentes en el último año y medio, demostrando un total desconocimiento de la normatividad del subsistema.
Ayer, un grupo de estudiantes difundieron un comunicado en el que manifiestan su respaldo a la solicitud realizada por el colectivo docente y administrativa para que se destituya a la profesora Cristina Quiroz Vergara de la dirección del plantel.
“Durante meses hemos sido testigos de cómo la directora ha sido manipuladora del comité de alumnas, asimismo, ha trabajado de la mano con una compañera en específico (Dasha). Dicha compañera ha afirmado que tiene su plaza asegurada, sólo por haber sido secretaria general en el Comité Estudiantil”, dice el manifiesto.
Las estudiantes aseguran que la directora de la Normal se pone a tomar bebidas embriagantes con las alumnas que la apoyan en su pretensión de mantenerse en el cargo a pesar de que cada vez hay más inconformidades.
“Entre las situaciones que han generado preocupación se encuentran presuntas faltas de atención y seguimiento ante conductas que consideramos contrarias a la responsabilidad y al compromiso que implica pertenecer a una institución formadora de docentes. Se han señalado casos relacionados con el ingreso de compañeras a la institución en estado de ebriedad, así como situaciones en las que estudiantes se han ausentado de sus jornadas de prácticas profesionales bajo la complicidad del Comité y de Cristina, sin que —desde nuestra percepción—, existan consecuencias o medidas suficientes”, agrega el documento.
Según los maestros inconformes, sólo 12 de los 92 trabajadores —entre académicos y administrativos— apoyan a la maestra Cristina para que continúe al frente de la dirección. La gran mayoría quiere que se vaya.
Hay instituciones que no deberían medirse solamente por sus edificios, sus presupuestos o el número de alumnos que atienden. Hay instituciones cuya verdadera riqueza está en su razón de ser. La Normal Rural “General Emiliano Zapata” de Amilcingo pertenece a esa categoría. Nació de la lucha de comunidades campesinas que entendieron que la educación podía ser una herramienta para transformar la vida de sus pueblos. Por eso resulta particularmente lamentable que hoy su nombre aparezca asociado, una y otra vez, con denuncias de cobros indebidos, conflictos laborales, acusaciones de corrupción y disputas por el control de la escuela.
La contradicción resulta brutal. Una institución creada para formar maestras destinadas a llevar educación a las comunidades más pobres del país no debería convertirse en escenario de intereses personales, privilegios laborales o luchas por conservar posiciones de poder.
En junio de 2025, alumnas de Amilcingo denunciaron que algunos docentes les exigían pagos por asesorías de titulación. Las estudiantes afirmaron que se trataba de cantidades que podían llegar a miles de pesos y que esos cobros contravenían el carácter público y gratuito de la institución.
No estamos hablando de cualquier escuela. Las normales rurales nacieron precisamente para abrir las puertas de la educación superior a jóvenes provenientes de sectores económicamente desfavorecidos. Que una estudiante tenga que pagar para recibir la asesoría necesaria para titularse representa, por ello, algo mucho más grave que una simple irregularidad administrativa: significa colocar una barrera económica precisamente frente a quienes la institución fue creada para proteger.
Las denuncias provocaron una crisis. Las alumnas exigieron la salida de docentes a los que señalaban por presuntas prácticas irregulares y, en septiembre de 2025, cientos de normalistas marcharon por Cuernavaca para exigir respuestas. Posteriormente, las estudiantes denunciaron que algunos profesores habían ejercido presuntas represalias académicas contra quienes participaron en las protestas.
Y aquí aparece la pregunta que debería incomodar a todos: ¿en qué momento una escuela que debía formar educadores comenzó a ocuparse más de sus conflictos internos que de formar educadores?
Porque el problema de fondo no son solamente los pleitos entre maestros, directivos y estudiantes. El problema es la degradación de una institución que tiene una responsabilidad social extraordinaria.
La Normal de Amilcingo no fue producto de un escritorio. Surgió de la movilización de campesinos y estudiantes que tuvieron que luchar para conseguirla. Su existencia fue una conquista social. Y precisamente por eso resulta indignante que quienes hoy tienen un puesto, una plaza o una responsabilidad dentro de ella puedan olvidar que están ahí gracias a una historia de lucha que no les pertenece exclusivamente.
Amilcingo nació como una conquista del pueblo. Sería imperdonable que terminara convertida en patrimonio de unos cuantos. Las autoridades educativas tienen la última palabra.
HASTA MAÑANA.