Una más de los ‘tepoztercos’

No sabemos quiénes sean más obstinados, si los comerciantes del Mercado Adolfo López Mateos, que piden obras pero no quieren dejar de vender un solo día, o los “tepoztercos” que se oponen a cualquier modificación en su municipio, sin embargo, siguen vendiendo tierras incluso en las áreas protegidas.

Todo parece indicar que no se realizará ninguna obra de mejoramiento al sendero de la pirámide del Tepozteco. Se repetirá la historia del Club de Golf, del Teleférico, el tren escénico, la ampliación de la autopista y de cualquier proyecto susceptible de politizarse.

En particular, nosotros lo único que vivimos de cerca fue el movimiento opositor al Club de Golf, que ocurrió en el sexenio de Jorge Carrillo Olea, a mediados de los noventa, y que básicamente consistió en un proyecto que pretendía realizar una empresa llamada KS (Kladt Sobrino) para destinar varias hectáreas de tierras a un Campo de Golf.

El conflicto estalló en agosto de 1995, cuando el alcalde Alejandro Morales Barragán fue sacado a empujones de la presidencia municipal por haber autorizado el establecimiento del Campo de Golf sin el permiso del pueblo, y tuvo su punto más álgido cuando opositores fueron reprimidos por policías estatales en la comunidad de San Rafael, Tlaltizapán, siendo asesinado Marcos Olmedo.

Pero si queremos conocer los diferentes episodios de la resistencia tepozteca, hay que leer al periodista Everardo Monroy, quien escribió que en la segunda mitad de los años setenta, un proyecto de teleférico había encontrado resistencia organizada, y en 1986, un periférico que pretendía cruzar el corazón del pueblo corrió la misma suerte.

Durante la gubernatura de Armando León Bejarano (1976-1982) se había bosquejado por primera vez la intención gubernamental de construir un teleférico comercial que conectara la parte baja del poblado con la meseta superior donde se erige la zona arqueológica del Tepozteco.

Aquel intento inicial había sido rechazado tajantemente y congelado ante la oposición silenciosa pero firme de las autoridades tradicionales y la comunidad. No obstante, a mitad de la gestión del doctor Lauro Ortega Martínez (1982-1988), específicamente en ese año de 1985, el proyecto fue revivido de los archivos con un renovado y agresivo impulso oficial dentro de sus ambiciosos planes de infraestructura turística, desatando de inmediato una profunda alarma social en todos los sectores del municipio.

​La noticia sobre la presencia de cuadrillas técnicas realizando levantamientos topográficos en el Cerro de Chalchi se filtraba como reguero de pólvora entre las familias.

El gobierno estatal promovía la obra como el estandarte que proyectaría al estado a escala internacional: un moderno sistema de transporte por cable con cabinas panorámicas fabricado con tecnología de la prestigiosa firma suiza-canadiense Von Roll.

Sin embargo, gente de todos los barrios bajó hasta la plaza principal donde organizaron una reunión urgente para decidir qué iban a hacer ante esa nueva amenaza.

​La asamblea popular culminó entrada la noche con la aprobación por votación unánime a mano alzada de tres acuerdos históricos: la declaración de invalidez absoluta de cualquier permiso técnico o licencia otorgada por el gobierno del estado; la creación de brigadas permanentes de vigilancia y el compromiso de decretar el paro general en todo el municipio si las cuadrillas de la empresa intentaban realizar nuevas excavaciones en el Cerro de Chalchi.

Pero el tren escénico de 1990-1991 prometía ser el más ambicioso de todos, y también el más peligroso. El proyecto fue impulsado durante el gobierno del gobernador Antonio Riva Palacio López, quien asumió el cargo en 1988 y gobernó Morelos hasta 1994.

La iniciativa, anunciada oficialmente en 1991 a través de un acuerdo gubernamental publicado en el Periódico Oficial «Tierra y Libertad», proponía construir aproximadamente 22 kilómetros de vía férrea entre San Juan Tlacotenco, en el municipio de Tepoztlán, y Nepopualco, en el municipio de Totolapan.

El trazado aprovecharía parcialmente la infraestructura ferroviaria existente, específicamente las vías abandonadas del Ferrocarril México-Balsas y del ramal Nepopualco-Cuautla, líneas que alguna vez llevaron mercancías y pasajeros hacia Guerrero y Puebla, pero que yacían mudas desde hacía décadas.

El plan era ambicioso: crear un circuito turístico que uniera la Ciudad de México con la sierra norte de Morelos, integrando a Tlayacapan, Tlalnepantla, Tepoztlán y Huitzilac en una zona de «turismo ecológico». Pero ante la oposición de los pobladores, el proyecto simplemente se esfumó y ya nadie volvió a hablar de él.

“El tren escénico nunca llegó, pero la lección de la resistencia quedó grabada en la memoria colectiva: el desarrollo no puede imponerse por decreto, sino que debe surgir del diálogo y el respeto a las comunidades que habitan los territorios. Los tepoztecos y tepoztizos unidos como nunca antes, demostraron que la montaña no es solo tierra y roca, sino historia, identidad y vida. Y esa vida, decidieron, no se vende”, dice la crónica del veterano periodista, publicada en su muro de Facebook.

Lo último estuvo así:

Durante un encuentro con el director general del INAH, Joel Omar Vázquez Herrera, la gobernadora Margarita González Saravia mencionó la urgencia de atender un paraje que figura entre las zonas arqueológicas más visitadas de todo el país: el Tepozteco.

“Toda la subida es muy peligrosa, tiene muchos problemas y, sin embargo, la gente sigue yendo”, comentó González Saravia al justificar la necesidad de intervenir la ruta sin perder el atractivo natural del Pueblo Mágico.

El objetivo central de las obras radica no solo en la reparación física de los escalones y la vereda, sino en estructurar un esquema integral de ordenamiento para el flujo continuo de viajeros. Agregó que, además de la infraestructura peatonal, el proyecto ejecutivo plantea solucionar dos problemas históricos del sitio: el desamparo en servicios básicos y el exceso de residuos sólidos abandonados en el parque nacional.

Con eso bastó para que se comenzara a organizar todo un movimiento opositor bajo el lema “No a la destrucción del Tepozteco”. Desde el viernes comenzaron a juntar firmas y —a través de redes sociales— los tepoztecos manifestaron su rechazo a cualquier intento de intervención arquitectónica.

La gobernadora Margarita González Saravia y el alcalde Perseo Quiroz, tuvieron que hacer un video en el que manifiestan que “no vamos a realizar ninguna obra en ese sendero en donde no haya un consenso con la comunidad y con los comerciantes de Tepoztlán”.

Y aunque se habló de una consulta y de un diálogo permanente, todos sabemos que el proyecto se unirá a la lista de obras impedidas por los “tepoztercos” que se oponen sistemáticamente a todo lo que implique un cambio.

HASTA MAÑANA.