Mercado ALM: peligrosa obstinación

El Mercado Adolfo López Mateos ha sido durante décadas uno de los escenarios favoritos de la clase política morelense. Quien aspire a gobernar Cuernavaca, a ocupar una diputación, a llegar a la gubernatura o simplemente a construir una candidatura, tarde o temprano termina recorriendo sus pasillos.

El ALM es, para los políticos, mucho más que un mercado. Es una fotografía electoral casi obligada.

Por sus pasillos han desfilado alcaldes, gobernadores, candidatos y aspirantes de prácticamente todos los colores partidistas. Algunos han llegado en campaña; otros, durante su gestión; unos más, con motivo del Día del Comerciante. Todos han tenido el mismo ritual: caminar entre los puestos, estrechar manos, escuchar reclamos, comer algún platillo, prometer obras y, naturalmente, tomarse la fotografía con los líderes que siempre están prestos para esa tarea.

Cuauhtémoc Blanco es uno de los ejemplos más evidentes. Como alcalde de Cuernavaca visitó el ALM en 2016 para despedir el año con comerciantes y líderes, y en agosto de 2017 regresó para celebrar el Día del Comerciante. En aquella ocasión recorrió los pasillos entre porras y aplausos, se tomó fotografías y prometió trabajar en la rehabilitación del inmueble.

Ya como gobernador, Blanco volvió al mercado en agosto de 2022. Entonces aseguró que el dinero para rehabilitar la nave principal estaba disponible y que la inversión podía alcanzar los 80 millones de pesos. La imagen del gobernador caminando entre los comerciantes volvió a circular acompañada de la promesa de que ahora sí se arreglaría el mercado.

José Luis Urióstegui tampoco escapó al ritual. Como presidente municipal, recorrió el ALM en agosto de 2023 para celebrar el Día del Comerciante. Saludó a los locatarios, escuchó peticiones y habló de la sustitución del cableado eléctrico y de la rehabilitación del sistema contra incendios.

Margarita González Saravia recorrió el mercado como candidata a la gubernatura y habló de la necesidad de continuar la rehabilitación integral. La acompañó Adán Augusto López Hernández, quien entonces se desempeñaba como coordinador político de su campaña en Morelos. El recorrido fue presentado como un encuentro con comerciantes y locatarios para escuchar sus necesidades.

Lucy Meza hizo exactamente lo mismo unas semanas después y lo repitió hace algunos días. Recorrió el mercado, saludó comerciantes, recibió peticiones, posó para fotografías y hasta aceptó la invitación para comer un taco acorazado. En el discurso de campaña prometió reconstruir totalmente el ALM y convirtió las deficiencias de la obra iniciada durante el gobierno de Cuauhtémoc Blanco en uno de sus argumentos contra la administración estatal.

También Jessica Ortega, candidata a la gubernatura en aquella elección, visitó a los comerciantes del ALM durante la campaña de 2024. La visita quedó registrada como parte de sus recorridos proselitistas por el estado.

El mercado ha sido visitado una y otra vez por quienes buscan el voto. Todos saben que es estratégico aunque sólo para efectos mediáticos pues todos saben que concentra miles de comerciantes, trabajadores y consumidores, que votan en diferentes distritos y municipios.

El ALM se ha convertido en una especie de santuario electoral: durante las campañas los políticos llegan a estrechar manos; cuando gobiernan regresan para anunciar obras; cuando esas obras se retrasan vuelven a prometer que las terminarán; y cuando ocurre una tragedia reaparecen para supervisar daños.

Mientras tanto, los comerciantes siguen trabajando en un inmueble que lleva años pidiendo una intervención de fondo.

Lo más paradójico es que los políticos llegan al mercado precisamente porque saben que los comerciantes son una fuerza electoral importante. Saben que ahí hay miles de votos y que los dirigentes de las organizaciones pueden influir en buena parte de ellos. Por eso hay fotografías, abrazos, saludos y compromisos.

Pero gobernar no consiste en tomarse la fotografía. Gobernar significa tomar decisiones difíciles. Y una de esas decisiones es decirles a los comerciantes algo que durante años ningún político ha querido decirles con suficiente claridad: el mercado necesita una rehabilitación seria y, para hacerla correctamente, tendrá que detener parcialmente sus actividades o incluso cerrar determinadas áreas durante el tiempo que sea necesario.

El problema es que decir eso en campaña cuesta votos. Es mucho más cómodo prometer una rehabilitación «integral», posar junto a los locatarios y asegurar que habrá recursos. Es más sencillo aparecer con casco, chaleco o camisa arremangada frente a una obra que explicar por qué una estructura de casi seis décadas necesita una intervención que inevitablemente generará molestias y pérdidas temporales.

Y los comerciantes tampoco son inocentes en esta historia.

Durante años han aprendido que la presión funciona. Si una obra se retrasa, protestan. Si se plantea cerrar, protestan. Si se intenta reordenar espacios, protestan. Si el gobierno propone intervenir instalaciones, exigen que se haga sin afectar sus ventas. Si hay riesgo de que el techo colapse, prefieren poner una malla que los proteja de posibles pedazos de cascajo; si se requiere instalar trabes en sus locales, piden que les pongan puestos provisionales en el área de andenes, y así sucesivamente.

El incendio de la noche del domingo para amanecer lunes debería ser el último aviso. Con los avances tecnológicos que hoy existen en materia de ingeniería, bastarían un par de meses para demoler esa nave que se está cayendo a pedazos y edificar una nueva construcción con instalaciones eléctricas y de gas que no representen un riesgo; con un sistema antiincendios que evite episodios como los del domingo.

Así como aceptaron recibir un apoyo económico por parte del gobierno para volver a surtir, así también podrían invertir un poquito más, pero dejar de vender algunas semanas mientras les entregan el nuevo mercado con locales debidamente escriturados ante notario público.

Ojalá nos equivoquemos, pero esa obstinación de los comerciantes puede cobrar vidas en un futuro, y entonces sí, dirán que las culpables fueron las autoridades que no les advirtieron del peligro.

HASTA EL JUEVES.