
El sábado 17 de octubre de 2026, alrededor de las 19:10 horas, se registró un incidente de seguridad en el estacionamiento de la tienda Costco Cuernavaca, en el que resultó lesionado Jorge Antonio Hernández Nárez, coordinador estatal de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) de la Fiscalía General del Estado de Morelos.
En ese momento el caso provocó una movilización policiaca y alarma entre los clientes que se encontraban en el establecimiento, y en las horas subsecuentes todo tipo de especulaciones.
En redes sociales se pudieron leer narrativas que iban de un extremo a otro, como el de “Código Rojo”, que le asignó el apodo de “El Batman de Morelos”, y relató que el jefe policiaco acudió a realizar sus compras acompañado de su familia y, al llegar a su vehículo, habría sido interceptado por dos sujetos vestidos de negro que presuntamente intentaron asaltarlo.
“Según los reportes preliminares, Hernández Nárez habría priorizado la seguridad de sus familiares y, cuando consideró que estaban fuera de peligro, habría desenfundado su arma, desatándose un intercambio de disparos”, dice la publicación en Facebook.
Lo que provocó confusión fue una tarjeta informativa difundida entre grupos de WhatsApp en la que indican que a las 18:46 horas, por frecuencia de operaciones especiales que la unidad 01122 de Rescate y Urgencias Médicas, trasladó “al lesionado de Fiscalía al IMSS de Plan de Ayala”, pero después “informa vía radio frecuencia de UOE indican el lesionado es teniente Arroyo Zamora con una lesión de arma de fuego, sin gravedad”.
Según nos han confirmado varias fuentes, en Costco no hubo disparo alguno, ni de los buenos ni de los malos, y la única lesión fue una luxación por caída.
Pero tampoco hubo detenidos, lo que dio pie a todo tipo de elucubraciones.
En esas páginas de Facebook que imitan a los medios de comunicación, publicaron todo tipo de especies que no reproduciremos porque sería darles credibilidad, pero que ponen en duda la honestidad del jefe policiaco.
Entrevistado este lunes, el fiscal general de Morelos, Fernando Blumenkron Escobar, declaró que, hasta el momento, no existen indicios de que se haya tratado de un ataque directo contra Hernández Nárez por razón de su cargo. Según la información proporcionada por el propio coordinador, la principal línea de investigación apunta a que intentó impedir un asalto. El fiscal precisó que el funcionario sufrió una lesión en un pie, que fue la única persona lesionada y que se encuentra bien de salud.
¿Por qué nos resistimos a creer la versión oficial? Esa pregunta nos hacía ayer un alto funcionario del gobierno estatal. Y la respuesta fue con un refrán mexicano: “La burra no era arisca…”.
Lo que intentamos decirle es que, quienes hemos visto pasar a infinidad de jefes policiacos también conocemos todo tipo de historias. En Morelos, ya es una tradición que los secretarios de seguridad pública y jefes de la policía ministerial terminan muertos o en la cárcel, y que muchas veces lo que parecía un acto de heroísmo termina siendo un abuso policiaco.
Sólo por poner unos ejemplos tenemos a Armando Martínez Salgado, el jefe de antisecuestros en tiempos de Jorge Carrillo Olea, que lo primero que preguntaba a la familia de una víctima era “¿y como cuánto dinero tiene para ofrecer como rescate”. Los secuestrados volvían de su cautiverio y a veces había detenidos, pero el dinero de los rescates nunca aparecía.
A la fecha, el nombre de Alberto Pliego Fuentes deambula de un extremo a otro: entre el súper policía que capturó a Daniel Arizmendi, y la leyenda urbana (alentada por los documentales de Netflix) de que lo agarró cuando ya no tuvo dinero para pagarle la protección que le daba.
Un caso que conocimos muy de cerca: el de un empresario farmacéutico que consideraba un héroe al jefe de la Policía Judicial de apellido Quintero que le ayudó a detener a sus captores, pero que después lo tuvo que denunciar porque éste aprovechó la paranoia que le quedó inventando que necesitaba dinero porque había descubierto que le estaban preparando un nuevo secuestro.
No estamos diciendo que sea el caso de Jorge Hernández Nárez, de quien ya hemos hablado en otras ocasiones.
Hernández Nárez es un caso insólito, pues su padre, su abuelo y su bisabuelo (Jorge Hernández Barajas, Jesús Nárez Herrera y Antonio Nogueda Carvajal, respectivamente), fueron jefes de la Policía Judicial, Ministerial y ahora la coordinación de la Agencia de Investigación Criminal (AIC).
Antes, inició como agente de la Policía de Investigación Criminal, y formó parte de la escolta del entonces fiscal general, Uriel Carmona Gándara, quien decidió darle la oportunidad al joven egresado de la carrera de Derecho.
Nárez ha “sobrevivido” a los dos cambios de este sexenio. Primero se ganó la confianza de Edgar Maldonado Ceballos, designado por el Congreso titular de la Fiscalía en lugar de Uriel; y luego Fernando Blumenkron lo ratificó en el cargo de coordinador de la Agencia de Investigación Criminal. Contra todos los pronósticos, ahí la lleva.
HASTA MAÑANA.