
Por Jesús Castillo
- En entrevista exclusiva, el presidente municipal de Tepoztlán asegura que no está aferrado al cargo, pero considera necesario buscar la reelección para que no se pierda lo que se ha ganado.
La noche del domingo dos de junio del 2024 había nerviosismo en la casa de campaña del candidato de Morena para la presidencia municipal de Tepoztlán, el empresario restaurantero José Luis Meza Rodríguez. Su pletórico cierre de campaña y la “ola guinda” provocada por la candidata presidencial, Claudia Sheinbaum, y la abanderada estatal, Margarita González Saravia, le daban confianza de que obtendría más votos que su contrincante a vencer: Andrés Robles Ayala, de Movimiento Ciudadano.
A unos kilómetros de distancia, Andrés Robles Ayala experimentaba exactamente lo mismo: confianza por haber obtenido más de 4 mil 800 votos en las elecciones del 2021 (cuando compitió por el Partido del Trabajo), pero cierto temor por “la marca” de Morena que ostentaba José Luis Meza.
De repente, alrededor de las 10 de la noche, el encargado de monitorear el PREP que transmitía en tiempo real vía internet el Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (Impepac), dijo el clásico: “jefe, tiene que ver esto”.
Para sorpresa de los equipos de Meza y Robles, el candidato independiente Perseo Quiroz Rendón llevaba hasta ese momento una pequeña ventaja de 200 votos por encima de todos los demás.
—¡Pero si este wey tuvo cien personas en su cierre de campaña! —exclamó un colaborador de Meza.
—No hay que preocuparnos, estas actas corresponden a la cabecera municipal—agregó otro tratando de tranquilizarlo—. Cuando lleguen las actas de los pueblos van a ver que nos recuperamos.
Los candidatos y sus colaboradores se fueron a dormir con la esperanza de que durante la madrugada se revirtieran los números, y que el triunfo de un “desconocido” hubiera sido sólo una especie de “ilusión óptica”.
Pero no, al otro día el PREP confirmaba: Andrés Robles Ayala 3,523 votos; José Luis Meza Rodríguez 3,131; David Demesa 2,529; y Perseo Quiroz Rendón 4 mil 100 sufragios a su favor. Para muchos tepoztecos, el triunfo de un candidato independiente es un claro ejemplo de que hubo un “voto de castigo” contra los partidos políticos, pero sobre todo para “los mismos de siempre”.
A dos años y tres meses de esa histórica noche, y casi dos años de haber asumido la presidencia municipal, Perseo Quiroz nos recibe bajo la sombra de un frondoso ciruelo para platicarnos de quién es él, qué ha hecho en esta administración y si buscará la reelección el próximo año.
—¿Quién es Perseo Quiroz?
Soy abogado, originario de aquí de Tepoztlán. Soy hijo de padres profesores. Mi mamá fue profesora de educación primaria en Tepoztlán y después fundó un centro de educación en el lago de Xochimilco. Mi papá también es originario de Tepoztlán y la familia de mi papá es de aquí.
Mi mamá nació en Guerrero, pero migró desde joven a Tepoztlán. Aquí hizo la secundaria y ha vivido gran parte de su vida. Es una persona conocida en el municipio. Estudié aquí mi educación básica y tengo una hermana. Soy el hijo menor.
—¿De dónde viene el nombre de Perseo?
Mi mamá se puso creativa con el nombre. En algún lugar leyó que Perseo era una de las estrellas pequeñas de una constelación, o algo relacionado con una estrella pequeña. Yo nunca he podido verificar ese dato.
De pequeño no me gustaba mucho el nombre. Mi papá quería que me llamara Pedro y el nombre me causaba cierto conflicto, pero con el tiempo creo que tuvo su razón de ser. Ahora pienso que la gente lo identifica fácilmente.
—¿En qué momento decide estudiar Derecho?
Estudié Derecho en el CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas). Fue una decisión que no fue fortuita, pero sí estuvo determinada por varias circunstancias. El CIDE estaba comenzando la carrera de Derecho y yo fui de las primeras generaciones. Tenía un programa muy interesante de reforma a la enseñanza del Derecho, encabezado en ese momento por Laura Magaloni.
Yo estaba haciendo el bachillerato internacional en Estados Unidos. Había obtenido una beca y estaba estudiando allá cuando el CIDE se acercó. Me ofrecieron una buena beca y decidí estudiar Derecho ahí.
—¿Cómo fue su experiencia de estudiar fuera de México?
Me fui a Estados Unidos a los 17 años para estudiar el bachillerato internacional. No era mi primera opción. Había opciones como Inglaterra, Canadá, Hong Kong, India y Noruega, pero uno hacía una lista y después le asignaban el lugar.
No quería particularmente irme a Estados Unidos. De hecho, tenía cierta postura crítica hacia ese país, que todavía conservo en algunas cosas, aunque una parte importante de mi formación la hice allá. Al final me pareció una buena decisión.
—¿Ha litigado?
Sí. Cuando estudiaba en el CIDE había una regla interesante: no podías comenzar a trabajar desde los primeros meses, como suele ocurrir en Derecho. La idea era que primero tuvieras una formación académica sólida y después comenzaras a trabajar.
Posteriormente entré a un despacho grande en Santa Fe. Trabajé en materia laboral, representando a patrones. Ahí me di cuenta de que no me encantaba el mundo laboral. Era complicado y además observé situaciones de corrupción muy abiertas. Recuerdo que incluso se hablaba de pagarle a la mecanógrafa para que se realizara una audiencia. Eso no me gustó y decidí cambiar de despacho.
—¿En qué momento comienza su interés por el servicio público y los derechos humanos?
Siempre tuve una vena social. También fui hijo de la educación pública y de las becas, y siempre tuve la inquietud de hacer cosas que tuvieran un impacto.
En determinado momento sentí que trabajar únicamente en los despachos no estaba cumpliendo con aquello para lo que me habían dado las becas. Los despachos permitían ganar bien, pero yo sentía que también debía hacer algo que tuviera un impacto social.
Entré al servicio público como abogado y trabajé en temas estratégicos. Me tocó participar en casos interesantes, entre ellos uno de reparación integral del daño por la vía administrativa. También participé en la defensa y asistencia de migrantes, entre ellos haitianos, colombianos, salvadoreños, hondureños e indios.
—¿Después vino la maestría en Derechos Humanos?
Sí. Apliqué para una maestría en Derechos Humanos en la Universidad de Notre Dame. Me dieron la beca Fulbright, con apoyo del gobierno de Estados Unidos y del gobierno de México, además de una beca del Conacyt.
Fue una etapa muy importante en mi formación.
—¿Cómo llegó a la Secretaría de Gobernación?
Regresando de la maestría tuve contacto con un exprofesor del CIDE que había sido nombrado secretario de Derechos Humanos y Asuntos Jurídicos en la Secretaría de Gobernación. En ese momento ocurrió el accidente del helicóptero en el que murió Francisco Blake Mora y varios servidores públicos.
Me ofrecieron incorporarme y estuve aproximadamente seis meses en Gobernación. Me tocó vivir la transición entre el gobierno de Felipe Calderón y el de Enrique Peña Nieto. Después decidí no continuar en la administración de Peña Nieto.
—¿Cómo llegó a Amnistía Internacional?
Después de salir de Gobernación me postulé para dirigir Amnistía Internacional en México. Fui director durante aproximadamente tres años y posteriormente me fui a Nueva York como enlace de Amnistía Internacional ante Naciones Unidas para los temas de América Latina.
—En su trayectoria al frente de Amnistía Internacional han aparecido señalamientos sobre malos manejos de fondos. ¿Qué ocurrió?
Hubo un conflicto. Yo tenía alrededor de 30 años cuando comencé a ser director y creo que era muy joven para una posición de toma de decisiones de ese nivel.
Una de las partes más difíciles fue aprender a manejar los temas internos y las relaciones humanas. Siendo honesto, creo que gestioné mal algunos temas de relaciones humanas y eso generó conflictos internos.
Hubo situaciones relacionadas con malos manejos de fondos, pero malos manejos de mi parte, absolutamente no. Amnistía Internacional tenía una administración muy fiscalizada. Los fondos provenían principalmente del norte global y todas las decisiones importantes que tomaba eran consultadas con Londres.
—También se le ha señalado por despidos injustificados. ¿Lo reconoce?
Creo que cuestioné mal algunas cosas y lo reconozco. A veces das demasiadas oportunidades a personas cuando ya has visto que están haciendo mal las cosas.
Cuando estás trabajando en una organización que tiene una finalidad pública, creo que no puedes perder de vista cuál es el objetivo. Las condiciones laborales son importantes, pero no pueden estar por encima del objetivo de generar un impacto en la sociedad. Creo que se pueden tener ambas cosas, buenas condiciones laborales y resultados, pero hay momentos en que las decisiones difíciles tienen que tomarse.
—¿Hubo consecuencias jurídicas por esos señalamientos?
No. Yo siempre dije que, si alguien tenía alguna evidencia, que denunciara y presentara los elementos correspondientes.
—También se ha hablado de supuestos nexos suyos con Genaro García Luna. ¿Qué responde?
Eso es algo que me causa mucha risa. Yo trabajé en la Secretaría de Gobernación, particularmente en el mecanismo de protección para personas defensoras de derechos humanos y periodistas. En ese trabajo tuvimos que relacionarnos institucionalmente con distintas áreas de seguridad pública. Incluso llegamos a solicitar protección para algunos defensores y periodistas y tuvimos diferencias con esas autoridades.
Pero en mi vida he conocido a García Luna. No sé de dónde salió esa versión. El hecho de haber trabajado en Gobernación y haber tenido que establecer enlaces institucionales con áreas de seguridad no significa tener nexos personales con alguien.
—¿Por qué decidió regresar a Tepoztlán?
Nunca quité un pie de Tepoztlán. Durante la universidad y mi formación profesional regresaba constantemente. Muchas veces tomaba el autobús en la terminal de Taxqueña el viernes por la tarde y llegaba a Tepoztlán por la noche.
Cuando regresé de Nueva York decidí volver por varias razones. Mi papá se enfermó y decidí regresar a Morelos para estar con él durante sus últimos días. Fue una muy buena decisión.
Después trabajé en la Secretaría de Economía, en el área jurídica, pero estando cerca de mi papá comencé a observar con mayor atención lo que estaba pasando en Tepoztlán y cómo se había transformado.
—¿Qué fue lo que encontró?
Me preocupaba que Tepoztlán dejara de ser un lugar donde el pueblo local pudiera desarrollar su propia vida económica y social. Hay un modelo económico que se ha instalado y que, desde mi perspectiva, está haciendo que los habitantes dejen de ser dueños de la tierra para convertirse en empleados del público que llega al municipio.
Eso fue parte de lo que me llevó a involucrarme más directamente en los asuntos públicos.
—¿Cómo llegó a la política?
En algún momento pensé que no era posible que nadie pudiera hacer nada ni que existiera una voz organizada para plantear determinadas cosas. En 2021 fui candidato externo a una diputación federal por Movimiento Ciudadano. Esa experiencia me permitió conocer más de cerca la política y a distintos actores.
Posteriormente tuve conversaciones con Movimiento Ciudadano sobre la posibilidad de competir por la presidencia municipal, pero los partidos siempre están viendo la rentabilidad electoral. En ese momento no me consideraban tan rentable y hubo negociaciones con personas con las que yo no estaba dispuesto a negociar.
Entonces decidí ir por la vía independiente.
—¿Por qué decidió competir como candidato independiente?
Porque consideré que en ese momento era la mejor opción. Nunca he dicho que el sistema de partidos sea malo. Creo que el sistema de partidos es el menos malo de los sistemas que tenemos.
El problema es que los partidos y algunas de las personas que están dentro de ellos se han pervertido. Las candidaturas independientes pueden funcionar en un pueblo como Tepoztlán o incluso en una ciudad mediana, pero sería muy complicado conseguir las firmas necesarias para competir de esa manera en una ciudad como la Ciudad de México.
—¿Cómo recuerda la noche de la elección?
Nosotros hicimos una campaña muy pequeña. Éramos alrededor de diez personas, hombres y mujeres, acompañados inicialmente por unas 20 señoras. Comenzamos con reuniones de unas 30 personas y terminamos con un cierre mucho mayor.
Desde antes de la elección veíamos que teníamos posibilidades. Lo observábamos en las plazas, en los mítines y en la manera en que comenzaron a atacarnos.
Al principio, como éramos independientes, pensaron que no íbamos a crecer y nos dejaron caminar. Cuando se dieron cuenta de que estábamos creciendo ya era tarde.
Tuvimos nuestras propias mediciones y sabíamos que estábamos apretando. Incluso personas de Morena nos decían que votarían por nosotros para la presidencia municipal porque estaban cansadas de los mismos partidos y de las mismas personas que van de un partido a otro.
—¿Fue entonces acertada la decisión de ir por la vía independiente?
Sí. Pero eso no significa que yo considere que los partidos sean malos. El sistema de partidos sigue siendo una herramienta necesaria. Lo que cuestiono son las prácticas de algunas personas dentro de ellos.
—¿Ha tenido acercamientos con partidos políticos?
Sí ha habido acercamientos de distintos grupos, aunque algunos no los hemos considerado. Nuestra condición es muy clara: si vamos a acercarnos a algún partido tendría que existir libertad de agenda. Nadie puede decirnos qué tenemos que pensar o cuál debe ser nuestra agenda política.
No ha habido una oferta concreta de Morena ni de otro partido que yo pueda considerar como una decisión tomada.
—¿Se siente más cercano a Morena?
No soy morenista ni se trata de que Morena me esté convenciendo.
Sí existen coincidencias entre algunas de las cosas que hemos hecho en Tepoztlán y la agenda que impulsa el gobierno estatal, particularmente en temas como la protección ambiental y la regulación del alcohol y de determinadas actividades.
Pero una cosa es coincidir en una agenda y otra muy distinta es tener un acuerdo político. Hoy no hay nada escrito ni decidido.
—¿Qué tan importante es para usted el grupo de personas que lo acompañó desde el inicio?
Cuando llegué al gobierno llegué con un grupo de personas que creyeron en el proyecto y que siguen creyendo en él. La mayoría permanece.
Eso no significa que exista un compromiso de mantener a alguien en el gobierno simplemente por haber participado en la campaña. El servicio público exige resultados.
—¿Cómo ha sido gobernar sin tener regidores propios?
Tenemos cinco regidores y considero que, después de los primeros meses, hemos sabido anteponer el interés colectivo al interés particular. Los primeros dos o tres meses fueron difíciles porque estábamos conociéndonos y entendiendo las posiciones de cada uno, pero después hemos podido entrar colectivamente a temas conflictivos.
—¿Cuáles fueron sus principales compromisos de campaña?
Prometimos transparencia y rendición de cuentas. Una de las primeras cosas que hicimos fue transmitir las sesiones ordinarias de cabildo.
Hay sesiones que por la naturaleza de los temas deben reservarse, particularmente cuando se abordan asuntos de seguridad, protección de personas o juicios activos. Pero, en general, las sesiones ordinarias se han transmitido a través de nuestras redes sociales.
También prometimos realizar cabildos abiertos, fortalecer la regulación ambiental, apoyar a los estudiantes, atender a las personas con discapacidad, impulsar a las mujeres emprendedoras, mejorar el servicio de agua potable y fortalecer la seguridad.
—¿Se ha cumplido con esos compromisos?
Creo que ahí están los resultados. No estoy diciendo que todos los problemas estén solucionados, pero sí hemos avanzado en distintas áreas.
En materia ambiental hemos impulsado regulación. En el transporte para estudiantes no pudimos establecer un servicio completamente gratuito porque el presupuesto no alcanza, pero implementamos un esquema de descuento y el municipio subsidia parte del costo.
También destinamos recursos para personas con discapacidad. Antes no existía una institución específica de atención a este sector y ahora se ha fortalecido esa área dentro del DIF.
—¿Qué avances destaca en seguridad?
Nos comprometimos a instalar un sistema de videovigilancia. Ahí está el C2 y estamos instalando más cámaras.
También prometimos mejorar las condiciones laborales de los policías. Se han implementado sistemas médicos y mejoras salariales.
—¿Y también prometió prohibir el consumo de alcohol en la vía pública?
Eso no fue una promesa de campaña. Surgió posteriormente como parte de una serie de medidas relacionadas con la recuperación del carnaval y el ordenamiento del municipio.
—¿Cómo evalúa su primer carnaval como presidente municipal?
Fue muy caótico. Precisamente una de las razones por las que decidimos tomar determinadas medidas fue recuperar el carnaval y tratar de hacerlo de una manera distinta a como se había desarrollado anteriormente.
—Después de todo este proceso, ¿quiere volver a ser presidente municipal?
La verdad es que hoy no me muero por volver a ser alcalde. No es algo que me obsesione. Pero tampoco queremos dejar perder muchas de las cosas que hemos hecho. Esa es la parte complicada de la decisión.
Ha sido un proceso desgastante. Ha habido amenazas, calumnias y mucho desgaste personal y político. Lo hemos hablado con el equipo y llegamos a una conclusión: no podemos dejar caer lo que ya hemos logrado.
Al final, aunque yo quiera y aunque el equipo quiera, si la gente no quiere, ni yendo a bailar a Chalma, no hay nada que hacer.
—¿Considera que existe aceptación hacia su gobierno?
Yo creo que sí hay una buena aceptación. Incluso considero que las críticas han arreciado porque ya se acerca el momento de las definiciones políticas.
No puedo decir cuánta gente exactamente nos apoya, pero sí puedo afirmar que percibo una aceptación importante.
Muchas gracias por la entrevista.
