Murió el último auténtico luchador social

El primero de mayo de 1974 los asistentes al desfile del Día del Trabajo se quedaron sorprendidos al advertir algo que nunca se había visto: una turba de obreros con playeras que decían “Sindicato Nacional Textil” estaba impidiendo la marcha de los sindicalizados del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que querían pasar frente al entonces gobernador Felipe Rivera Crespo para rendirle pleitesía.

En ese contingente sobresalía la figura de un muchacho moreno, menudito, de abundante melena que gritaba eufórico: “¡Mueran los sindicatos charros, viva el sindicalismo independiente!”.

Ese joven era Gabriel Rivas Ríos, surgido en el barrio de la Flores Magón de Cuernavaca, trabajador de la fábrica Textiles de Morelos, que junto con unos mil 500 obreros decidieron oponerse a la política del gobierno en turno y la supremacía de la Confederación de Trabajadores de México (CTM).  Empleados de Textiles Morelos, Nissan y Rivetex, rompieron el desfile oficial, lo que provocó la ira del gobernante Rivera Crespo.

“Nosotros decidimos hacer un tapón humano con más de 1500 compañeros y posteriormente ingresaron elementos de la Policía Judicial y se vinieron los golpes. Nos aventaron una pala mecánica, por órdenes de Jesús Adame Giles y se hizo una batalla campal”, recordaría 50 años más tarde, ya como regidor de Cuernavaca.

Años más tarde, en 1990 para ser exactos, elementos del Grupo de Reacción Inmediata de la Policía Preventiva al mando del comandante Enrique Flores Reyna, reprimían a un contingente de “taxistas tolerados” que pretendían boicotear un evento del entonces gobernador Antonio Riva Palacio López.

Y ahí estaba nuevamente Gabriel Rivas, ya no tan joven, pero igual de combativo, encabezando a un grupo de trabajadores del volante que exigían placas de taxi de las que estaba repartiendo René Sánchez Beltrán, director del Transporte.

En 1994, gracias a “la ola amarilla” que propició que el naciente Partido de la Revolución Democrática (PRD) ganara posiciones en Ayuntamientos y Distritos Electorales, Gabriel pudo alcanzar una diputación plurinominal en el Congreso de Morelos.

“En aquellos años sufrió una golpiza a manos de policías estatales, cuando intervino a favor de personas de escasos recursos en el predio de Puente Blanco. Con la camisa hecha girones, llegó a la sesión ordinaria del Congreso e hizo la denuncia pública de lo ocurrido en Jiutepec. Años después me comentó que pudo irse antes, pero optó por quedarse para frenar los abusos que ahí estaban por cometerse”, escribió el periodista Andrés Lagunas.

En julio de 2001, en los inicios del sexenio de Vicente Fox, empiezan las voces de alarma relativas a la venta —por demás sospechosa— del predio del ex Casino de la Selva por parte de la Secretaría de Hacienda al grupo transnacional CostCo, para construir 2 megatiendas con un estacionamiento común de mil 210 cajones.

La secretaría de Hacienda calla prudentemente: ¿cómo explicar que hayan vendido en 10 millones de dólares y como terreno baldío un predio que contenía obras de arte evaluadas en más de 500 millones de pesos?

El 9 de agosto, pese a todas las manifestaciones en repudio al proyecto CostCo-Gobierno, el municipio otorga el permiso de demolición y al año, después de que las obras artísticas y arquitectónicas habían sido destruidas por el capitalismo global, concede también el permiso de construcción sobre sus ruinas.

El 21 de agosto de 2002, más de 100 elementos antimotines y otros vestidos de civil fueron enviados por el gobierno de Sergio Estrada Cajigal para desalojar por la fuerza a los opositores al proyecto de construcción en el ex Casino de la Selva. Los manifestantes, entre ellos miembros del Frente Cívico Pro-Defensa del Casino de la Selva, fueron detenidos y enfrentaron acusaciones de sabotaje, motín y otros delitos.

El primero de la lista de detenidos (el segundo era Juan Ignacio Suárez Huape), era Gabriel Rivas Ríos, quien después fundaría la Asociación Gustavo Salgado, en honor a un luchador social que fue asesinado durante el sexenio de Graco Ramírez, y se dedicó a encabezar movimientos sociales.

En junio del 2024, ya con setenta años de edad, Gabriel fue beneficiado con una regiduría bajo las siglas del partido Morena. Dentro del Cabildo fue un crítico permanente de las decisiones de sus compañeros y se oponía sistemáticamente a todo.

Esa misma posición mantuvo incluso en contra de miembros de su partido. Cuando el gobierno estatal anunció el incremento a la tarifa del transporte, Rivas Ríos encabezó un campamento frente a Palacio de Gobierno que solamente terminó cuando le prometieron que él se encargaría de un nuevo proyecto: una cooperativa para operar la Ruta de la Salud.

También se opuso al proyecto de construir un complejo habitacional en el predio conocido como “La Cazahuatera”, y su última participación como activista consistió en encabezar una manifestación en las instalaciones del Tribunal de Justicia Administrativa para exigir explicaciones de los magistrados que otorgaron una suspensión favorable a la empresa constructora.

Antes, había exigido el cierre de negocios de giro rojo en los alrededores de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos y otras colonias, sin restricción alguna en horarios de funcionamiento.

Como bien lo definió el colega Andrés Lagunas: Gabriel Siempre fue una voz crítica, muy incómoda, porque en política lo común es acordar, pero él siempre decidió ir contra corriente, con o sin cargo.

Por eso es difícil saber quién ordenó que lo mataran. Como ya es del dominio público, ayer le dispararon cuando viajaba —solo— por el rumbo de los ejidos de Acapantzingo. Hoy, usted, estimado lector, encontrará en este y todos los demás periódicos, las esquelas expresando las condolencias y las declaraciones oficiales de que “las investigaciones irán hasta sus últimas consecuencias y sin descartar ninguna línea de investigación”.

Habrán de perdonar nuestro escepticismo, y de verdad que quisiéramos equivocarnos, pero creemos que el asesinato de Gabriel Rivas Ríos se sumará a tantos otros que siguen impunes. Y era —después de la muerte de Ignacio Suárez Huape— el único auténtico luchador social que nos quedaba.

HASTA MAÑANA.