
El cobarde asesinato del regidor morenista Gabriel Rivas Ríos, pudo haber provocado una revuelta social sin precedentes en Cuernavaca de no haber sido por el manejo político tanto de la gobernadora Margarita González Saravia como del alcalde José Luis Urióstegui Salgado.
Durante la mañana de ayer, decenas de amigos y simpatizantes del activista ultimado a balazos un día antes, se congregaron frente al Palacio de Gobierno. Con justa razón, hubo palabras de indignación, coraje e impotencia acompañadas de lágrimas. Si alguien hubiese propuesto en ese momento prenderle fuego al edificio gubernamental, más de uno lo hubiera intentado.
Más tarde, marcharon por las calles de la capital y llegaron hasta la presidencia municipal. Si nadie los hubiera recibido, habrían desquitado su coraje con lo primero que encontraran a su paso.
Pero encontraron puertas abiertas y un alcalde dispuesto a escuchar. Les permitió el uso de la palabra para que se desahogaran y luego les explicó lo que se haría.
Urióstegui conoce perfectamente los protocolos de una investigación por homicidio, ya que fue procurador de Justicia del estado hace más de 20 años. Pero además, era amigo de Gabriel, pues ambos fueron miembros del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en un tiempo.
“Lo conocí desde hace más de 30 años. Había un afecto personal y lamento mucho lo que sucedió. Nos solidarizamos con su familia. Ayer hablé con el fiscal para pedirle que se realice una investigación a fondo, que no quede ninguna posibilidad de investigación sin agotarse, que se esclarezcan los hechos y que no haya impunidad”, dijo en la primera entrevista concedida a reporteros en el Museo de la Ciudad.
—Algunos actores políticos están aprovechando esta situación para comenzar a criticar al Ayuntamiento. ¿Qué les responde? —preguntó una reportera.
—Insisto en que no debemos dejarnos llevar por especulaciones. Si bien es cierto que el regidor Gabriel Rivas hizo cuestionamientos sobre diversos aspectos que, desde su punto de vista, no eran adecuados, se trataba de asuntos administrativos que se debatían y resolvían en el Cabildo y que debían tener consecuencias en la revisión de la actuación de los servidores públicos. Pero de ahí a que los cuestionamientos que él hiciera pudieran servir para tomar una decisión como la que se ejecutó ayer, estamos muy lejos. Por eso pido que no nos dejemos llevar por especulaciones ni se politice el asunto. Debe realizarse una investigación técnica y a fondo para esclarecerlo— respondió el alcalde.
El cuerpo del luchador social fue entregado por la Fiscalía General del Estado alrededor de las 11 de la mañana, y trasladado al campo de futbol de la colonia Flores Magón donde sus familiares recibieron las condolencias de la gente. Políticos, servidores públicos y gente de la comunidad acudieron a despedirse de Gabriel.
La indignación era el común denominador en cada persona que llegaba a dar el pésame. “Estoy consternado y emputado”, fue la respuesta del abogado Jorge Viveros “El Che”, gran amigo de Gabriel, cuando se le preguntó cómo estaba.
La verdad es que había intenciones de hacerle pasar un mal rato a la gobernadora, pero la viuda de Gabriel pidió que no hubiera ninguna manifestación que pudiera incomodarla. “Desde el primer momento ha estado al pendiente, no podemos hacerle una grosería”, les confió a algunos miembros de su organización.
Pero lo que realmente calmó los ánimos de los amigos de Gabriel, fueron las palabras que dijo Margarita González Saravia, quien llegó discretamente al sepelio mientras se realizaba una misa. Se sentó en una silla junto a Amelia, la esposa de Gabriel, y esperó a que concluyera el acto religioso.
Después montó una guardia y antes de irse pidió el micrófono:
“Gabriel también era mi compañero de lucha…de muchos años. Estoy tan dolida como ustedes. Y yo aquí quiero hacer una promesa, frente a él, frente a su familia, frente a su esposa, frente a su hija: no va a haber impunidad. Vamos a trabajar por la justicia que ustedes están exigiendo”, dijo.
La gente notó tanta sinceridad en sus palabras que le creyó. Aunque ahora todo el peso recae en el fiscal Fernando Blumenkron Escobar.
Y es que, paradójicamente, Gabriel Rivas se pasó toda su vida desde la trinchera de la oposición criticando a los gobiernos en turno, y tuvo que morir cuando su partido está en el poder, a nivel federal y estatal.
Quien mandó matar a Gabriel Rivas no calculó bien las reacciones colaterales y tendrá que enfrentar las consecuencias. Por lo pronto, el predio de La Cazahuatera será expropiado para convertirlo en un parque que llevará el nombre de Gabriel Rivas.
HASTA EL LUNES.