
La gobernadora Margarita González Saravia anunció ayer dos nuevas designaciones en su gabinete, con la esperanza de que éstas resulten favorables para el bienestar del estado. En el caso del director del Instituto Morelense de Radio y Televisión, su desempeño será importante pero no de la misma magnitud del otro relevo, el del IEBEM, en donde sí se requiere cirugía mayor y una honestidad a prueba de todo.
Carlos Franco Ruiz llega a la Dirección General del Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos con una serie de retos: la pacificación de la Normal de Amilcingo; la reducción de los conflictos entre maestros y padres de familia, pero, sobre todo, la erradicación de la corrupción en prácticamente todas las áreas de la institución.
Sería justo reconocer el trabajo desempeñado por Raúl Aguirre Espitia, quien cumplió con la encomienda de conducir el Instituto por un tiempo razonable y lo hizo muy bien. La designación de Carlos Franco era un secreto a voces desde que fue visto en la ciudad de México recibiendo el aval de la dirigencia nacional del Sindicato de Trabajadores de la Educación (SNTE).
Es licenciado en Ciencias Sociales y maestro en Educación por la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM), y cuenta con más de dos décadas de experiencia docente. También tiene experiencia política y administrativa: fue presidente municipal de Tlaquiltenango y, antes de su llegada al IEBEM, se desempeñaba como titular de la Oficina de Enlace Educativo de la Secretaría de Educación Pública en Morelos, posición desde la cual mantuvo contacto con autoridades educativas, docentes y organizaciones del sector.
Su trayectoria como presidente municipal de Tlaquiltenango no estuvo exenta de controversias. En 2024 buscó la reelección y su impugnación llegó hasta la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que finalmente desechó su recurso.
Asimismo, existen resoluciones del Tribunal de Justicia Administrativa relacionadas con el incumplimiento de una sentencia durante su gestión municipal, así como señalamientos posteriores de la actual administración de Tlaquiltenango sobre presuntas irregularidades administrativas y daño patrimonial, asuntos que deben distinguirse claramente de una responsabilidad penal acreditada.
Por ello, su llegada al IEBEM merece ser observada con atención, pero también resulta pertinente darle el beneficio de la duda, pues su designación no debe convertirse en una condena anticipada a partir de señalamientos políticos o administrativos que requieren el correspondiente sustento y resolución de las autoridades competentes.
Franco Ruiz asume además una institución particularmente compleja, responsable de la operación de la educación básica pública en Morelos y de una estructura en la que confluyen miles de docentes, trabajadores administrativos, directivos, estudiantes, madres y padres de familia, además de una relación permanente con la Sección 19 del SNTE.
El Gobierno estatal le encomendó atender las necesidades de las escuelas y favorecer el aprendizaje mediante el diálogo con la comunidad educativa. Su desempeño al frente del IEBEM deberá juzgarse por los resultados que consiga en esa responsabilidad y no solamente por su pasado político: por ahora, corresponde observar su actuación, exigir transparencia y rendición de cuentas y, al mismo tiempo, concederle el beneficio de la duda que merece cualquier funcionario que inicia una nueva responsabilidad pública.
La otra designación (causó confusión el hecho de que aparecieran los dos nuevos funcionarios juntos con la gobernadora, incluso una persona me preguntó si el IMRyT ya pertenecía a la Secretaría de Educación), fue la de Cristopher Reynaldo Echenique Olivares en el lugar que dejó vacante Alejandra Flores desde hace meses.
Este muchacho es originario de Cuernavaca, Morelos, y estudió Comunicación en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, donde también recibió una Beca a la Excelencia Humana.
Su trayectoria comenzó vinculada al activismo ciudadano: participó en el movimiento Nosotrxs, organización impulsada por Mauricio Merino, donde posteriormente se incorporó al equipo ejecutivo como responsable de Comunicación. En esa etapa publicó artículos sobre democracia, derechos humanos, desapariciones, salud pública y discriminación, al tiempo que desarrolló experiencia en comunicación estratégica, relaciones públicas y participación ciudadana.
Posteriormente dio el salto a la comunicación política y gubernamental. En 2022 se desempeñó como subdirector de Interacción Digital del Gobierno de la Ciudad de México, durante la administración de Claudia Sheinbaum, participando en la estrategia de redes sociales y comunicación digital de la capital. Su perfil se ha concentrado particularmente en el uso de plataformas digitales para comunicación institucional y política.
También colaboró con El Soberano, medio identificado con la Cuarta Transformación, donde llegó a conducir espacios de análisis político. Su perfil profesional registra además experiencia en comunicación pública, estrategia digital, marketing de contenidos y consultoría política.
Ayer la gobernadora Margarita González Saravia lo designó director del Instituto Morelense de Radio y Televisión (IMRyT), destacando su experiencia en radio, comunicación pública y estrategia digital, así como su paso por los gobiernos de la Ciudad de México y de México y el ámbito legislativo. Su principal especialidad profesional parece encontrarse en la comunicación estratégica y digital, más que en la administración de medios como actividad técnica, lo que será uno de los aspectos relevantes de su gestión al frente del IMRyT.
Conocemos el hoy Instituto Morelense de Radio y Televisión desde su nacimiento el 17 de abril de 1991 bajo la denominación de Sistema Morelense de Radio y TV, dependiente del Poder Ejecutivo; luego su reubicación administrativa al Congreso Local y finalmente su transformación en Instituto.
Hemos visto pasar a todo tipo de directores. Desde uno que no sabía nada de comunicación, que su nombramiento fue totalmente partidista, hasta la designación de la ex esposa del entonces gobernador Graco Ramírez, pero que resultó que sí sabía la señora y realizó un buen papel.
Estaremos atentos al desempeño de Christopher, quien es morelense de nacimiento, pero toda su trayectoria ha sido fuera de nuestra entidad.
Ambos merecen el beneficio de la duda.
HASTA MAÑANA.